domingo, 26 de agosto de 2018

rabia

Si estas leyendo esto, te echo de menos.

Te echo tanto de menos que siento que alguien me da puñetazos en el estomago, el pecho me va a explotar y las piernas no responden. Me duele tanto el corazón que el dolor se ha vuelto físico y no puedo levantarme de la cama, y ya no me quedan lágrimas que llorar.

La vergüenza que siento por mí misma no tiene límite. Solo soy una niña idiota que se dejó llevar por la gran ciudad y las nuevas amistades, olvidando las que realmente importan. Y sí, me apresuré, fui impulsiva y ahora me estoy llevando el merecido.

Daría lo que fuera por escribirte y soltarte todo, pedirte que vengas, ir yo a tu portal, disculparme, abrazarte, volver a ser quien era.... pero ya no lo soy, y tú no te mereces a la persona que soy ahora.

Te quiero, te sigo queriendo más que a nada y nadie, y siempre te voy a querer. Nunca me podré perdonar el daño que te causé. Te echo de menos.

te necesito.

viernes, 27 de enero de 2017

Sin miedo

Esto es una carta para todas esas personas que viven el día a día como una obligación, como un pasatiempo sin sentido, o incluso como un infierno.

Esta situación no es culpa vuestra. Esto no es algo que os merezcáis ni algo que os hayáis buscado, y lo más importante, no es algo a lo que haya que dar poca importancia porque haya gente que esté peor.

Tú eres tú, y vas a seguir siendo tú toda tu vida, tu bienestar es lo primero. Deja de compararte con el resto.

Anoche leí una imagen que decía "voy a terapia por mi enfermedad mental y no estoy avergonzada de ello". Por eso escribo esto, por todas las veces que he dicho que iba al médico cuando en realidad iba al psicólogo, por todas las veces que me preguntan por qué estuve ingresada y mi respuesta siempre es cambiar de tema, por todos los pensamientos que me he callado por miedo a lo que puedan pensar de mí. Por eso escribo esto, porque me he dado cuenta de que todo eso está mal

¿Por qué puedo decir que voy al médico porque me duele el pie y no porque no encuentro un motivo para levantarme por las mañanas? ¿Por qué puedo ir a que me miren la vista y no porque no soporto mirar un espejo?

Escribo esto porque quiero aportar mi pequeña semilla y acabar con el estigma. Porque quiero que sepáis que todos vosotros ahí fuera no estáis solos, que posiblemente la persona que se sienta dos filas más atrás en tu clase, al igual que tú, se está callando todos esos demonio, por miedo a lo que puedan pensar, por "no estar suficientemente enferma como para pedir ayuda"

Tonterías.

Pedid ayuda, pedid ayuda, pedid ayuda. 

Como persona que ha estado dos años en terapia, pasando por dos meses de ingreso hospitalario, sé lo que es estar ahí. Sé lo que es no querer salir de ellos, porque sí, estás triste y derrotado, pero te has acostumbrado y te has hecho a ello, y después de todo, no está tan mal. Te has amueblado un cuarto dentro de tu tristeza y aunque la cama sea de clavos has aprendido a dormir en ella. ¿Para qué salir si estás bien así?

Da miedo, ¿no? salir del cuarto. ¿Quién te asegura lo que habrá fuera? ¿Para qué vas a correr el peligro en lo desconocido si todo está organizado ahí dentro?

Te lo voy a decir. Porque no hay nada mejor que despertar feliz, abrir los ojos y no tener miedo, tener ganas. Porque no hay nada mejor que salir de la cama y no marearse al ponerte de pies. No hay nada mejor que caminar apreciando cada detalle, y no tapada hasta los ojos con los hombros encogidos. Nada mejor que ir a tomar algo espontáneamente sin pensar que has desayunado hace dos horas y que por ello hasta la hora de comer no puedes tomar nada más. No hay nada que explorar lo inexplorado, que una película con palomitas en una tarde helada. No hay nada mejor que sentir las manos de alguien en tu cuerpo sin pensar lo mucho que les debe de estar desagradando tu volumen. No hay nada mejor que leer un libro durante horas sin perder la concentración. Nada mejor que las reuniones familiares y las excursiones por el campo. Nada mejor que reír sin parar, hasta que falta el aire y duele la tripa. Bailar y sentir tu cuerpo sin odio ni asco, porque es lo que eres y es tu instrumento, tu arma, tu fuerte y tu casa.

No hay absolutamente nada, nada mejor que ir a la cama con ganas de despertar la mañana siguiente, y volver a vivir un día más por todos esos momentos que merecen la pena. Y te voy a dar una pista: No puedes hacer todo eso desde esa habitación.

Así que sal. Pide ayuda. Las cosas no cambian solas, y el futuro no debe de asustar. La vida es lo que tú quieras que sea, y puedes ser la persona que tú quieras ser. Todo esto es tuyo.

El camino es largo y difícil y claro que hay días e incluso semanas y meses en los que parece que no puedes más, pero esas pequeñas derrotas no eliminan todas tus victorias.

Llevo tres años caminando y aún me queda muchísimo por recorrer, pero es increíble lo mucho que he dejado atrás y me duele recordar todo por lo que pasé, pero he escrito esto para ayudar a acabar con el estigma y por ello tengo que añadir (por mucho que me cueste a veces) que estoy orgullosa de mí, de todo lo que he conseguido y de todo lo que conseguiré.

No estáis solos.

martes, 23 de agosto de 2016

Golden hour

La hora previa a que el sol se esconda, la luz se vuelve cálida y anaranjada, es la hora de oro.

Estamos en las landas, en una casita al lado de la playa, y ayer, después de tomar un batido en un bar de madera con hamacas (todo aquí es muy bonito y con rollo surfero, eso sí, vayas donde vayas, la clavan pero bien) fuimos a ver la puesta de sol a la playa. Cómo no, había que llevar la cámara.

Fue un momento especial. Mientras nosotras hacíamos el tonto en la arena, un grupo hacía yoga mirando hacia el mar, y cuatro chavales escuchaban música y bebían esperando a que el sol se pusiera.


















Aquí no tenemos Internet (gorroneamos wi-fi a un bar) por lo que no voy a alargarme mucho más. Solamente quiero aprovechar para recomendar un par de cosas: 
  • Los dos últimos libros que me he leído: "Kitchen" de Banana Yoshimoto, es un libro muy cortito y fácil de leer, de esos que te dan qué pensar, y "Perdida", de Gillian Flynn, un thriller, algo más largo, pero es increíble lo que atrapa. El siguiente libro de la lista es "Sobre Grace", de Anthony Doerr.
  •  Las rodajas de pepinillos "sweet and sour", son pura droga, 
Las canciones que han sido protagonistas de este viaje:






                                                   Y bueno, eso es todo de momento. Au Revoir!

sábado, 6 de agosto de 2016

Tu mirada parece cansada.

Quiero que me abraces, que me acaricies el pelo o me cojas la mano y que no la sueltes nunca. A veces necesito recordar que no soy solo humo negro.
Los paisajes que ya conozco tienen una luz diferente si estás en ellos. Quiero vivir en un mundo
iluminado por ella, y reírme de la gente que no tiene el privilegio de compartirlo contigo.



















                              Juro que me estoy volviendo loca, y esta locura lleva tu nombre.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Tarta de queso y chocolate blanco con caramelo salado

Hacía mucho que no cocinaba algo dulce, y aprovechando que hoy han venido mis amigas a pasar la tarde a mi casa, he hecho la merienda.
Viendo que les ha encantado, voy a compartir la receta:

Para el caramelo salado:

- 150 gramos de azúcar blanco.
- 200 gramos de nata.
- 50 gramos de mantequilla.
- 1 cucharadita de sal.


Es Recomendable utilizar una cuchara de madera para este paso.

  • Para empezar simplemente hay que poner el azúcar en un cazo y remover constantemente hasta tener un caramelo rubio.
  • Apartar el cazo del fuego y añadir el resto de los ingredientes uno a uno, removiendo bien hasta que esté todo incorporado
  • Cocer 2-3 minutos hasta que coja algo de consistencia y dejar enfriar hasta que lo usemos.

Para la base de galleta:
(pre-calentar el horno a 180 grados)

- 150 gramos de galletas (las digestive son perfectas para esto)
- 75 gramos de mantequilla derretida.



  • Simplemente se trituran las galleta y se mezclan con la mantequilla derretida hasta tener una textura parecida a las migas

     













  • Ponemos esta mezcla en la base del molde de la tarta, presionando bien con la mano o una espátula (o cualquier utensilio) para que quede una capa firme, y metemos al horno unos diez minutos para que coja forma.

Para el relleno de queso y chocolate blanco:
(Bajar la temperatura del horno a 160 grados)

- 140 gramos de azúcar blanco
- 60 mililitros de nata líquida
- 340 gramos de philadelphia
- 112 gramos de chocolate blanco
- 2 huevos y 1 yema
- unas gotas de extracto de vainila
- una pizca de sal

Los ingredientes deben estar a temperatura ambiente.



  • Primero, hay que hervir la nata, y agregarla al chocolate. Se deja reposar unos minutos, y removemos con una cuchara para incorporar todo bien. Una vez hecho este ganaché, dejamos que enfríe un poco


  •  En un bol aparte, empezamos batiendo bien con una varilla, bien con una batidora eléctrica, la crema de queso con el azúcar. Cuando no se noten los granos de azúcar, añadimos el ganaché y batimos de nuevo. Por último, agregamos los huevos, la sal y la vainilla, y damos una última batida para conseguir una mezcla homogénea. 



  • Vertimos la mezcla en el molde con la base de galleta cocida y lo metemos al horno en un baño maría unos 30-40 minutos, o hasta que la consistencia de la tarta sea firme 


  •  Cuando la tarta esté cocida, dejamos que enfríe completamente y vertemos el caramelo salado por encima.





  • Según la receta, habría que meter a la nevera la tarta al menos 4 horas antes de comerla, pero no teníamos ni tiempo ni ganas de esperar así que la comimos tibia.





La textura de esta tarta era muy suave. No es el bloque espeso que suelen ser las tartas de queso normalmente, más bien, era como un flan. Al llevar chocolate blanco puede sonar muy empalagosa, pero precisamente el caramelo salado de encima compensa los sabores y hace un contraste genial.

Ha sido un buen descubrimiento y recomiendo 100% probarla. La hemos hecho hace 3 horas y ya no queda ni las migas.

                                                                                                               Buenas noches.


martes, 2 de agosto de 2016

Si esta ciudad nunca duerme, ya somos dos


Doy gracias por haber metido la cámara en la mochila antes de salir de casa.
















Cómo me gusta poder permitirme perderme en cada centímetro de ciudad sin acordarme ni preocuparme por la hora. Qué sensación la de darse cuenta de lo bonitos que son los muros que nos rodean, cuando a diario pasamos a su lado dirigiendo la mirada al suelo.

Podría hacer esto todos los días y estoy segura de que no me resultaría repetitivo. ¡Hay tanto por descubrir!