Doy gracias por haber metido la cámara en la mochila antes de salir de casa.
Cómo me gusta poder permitirme perderme en cada centímetro de ciudad sin acordarme ni preocuparme por la hora. Qué sensación la de darse cuenta de lo bonitos que son los muros que nos rodean, cuando a diario pasamos a su lado dirigiendo la mirada al suelo.
Podría hacer esto todos los días y estoy segura de que no me resultaría repetitivo. ¡Hay tanto por descubrir!
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